El pasado 18 de febrero se celebró la fiesta de la democracia en Galicia. Los resultados son fruto de arduas y elaboradas campañas de mercadotecnia y asesoramiento, que pretenden conformar una imagen alrededor de cada formación política.

 

Ese proceso de creación de la percepción no termina una vez que se han celebrado los comicios. Los candidatos deben realizar un análisis sobre cómo les fue a las distintas agrupaciones, haciendo especial hincapié en la suya propia. Esta labor, a pesar de la claridad y concisión que se desprende de las cifras numéricas del reparto de asientos derivada de todos los votos escrutados, varía radicalmente según con quien uno tope: autocrítica, exaltación o justificaciones varias suelen ser las tónicas más habituales. Aprovechando la ocasión, realizaré un análisis del comportamiento postelectoral desde el punto de vista autonómico gallego.

 

Las distintas formaciones políticas pretenden hacer ver a los ciudadanos que son la mejor opción, materializándose dichas actuaciones en la campaña electoral. No obstante, a pesar de la importancia pre-electoral, unos resultados electorales marcan el devenir de los cuatro años posteriores, y estarán siempre presentes en el día a día de los (en nuestro particular supuesto) gallegos; por lo tanto, un adecuado análisis y tratamiento de los mismos resulta también fundamental.

 

Después del 18-F, el principal ganador fue el Partido Popular (PP). Como el resultado no dejaba lugar a dudas (obtención de la Presidencia de la Xunta), el mensaje del círculo popular giró en torno a la misma idea: fracaso de la coalición PSOE-BNG (y consecuentemente fracaso del partido de Pedro Sánchez) y el logro de una posición política reforzada.

 

En cambio, el análisis del Bloque Nacionalista Galego (BNG) no fue tan categórico y rotundo. Y es por ello que, si bien los de Ana Pontón han obtenido el mejor resultado de su historia (25 escaños), éste no ha sido suficiente para sustituir a Rueda en la presidencia. Así pues, con el objetivo de mostrar una imagen de firmeza y estabilidad política, la postura mayoritaria ha sido la de mostrarse como “referente indiscutible como alternativa al PP”; a pesar de la veracidad de la frase, y de acuerdo con una corriente minoritaria, el BNG seguirá ejerciendo un rol secundario.

 

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) obtuvo un descenso más que notable de los votos, generando expectación en su análisis post-electoral. Con el objetivo de apaciguar el duro revés sufrido, la pauta de los portavoces socialistas ha sido la de tratar el tema con cierta autocrítica, pero sin férreas consecuencias para el candidato Gómez Besteiro, que asumirá el mandato del propio partido en Galicia.

 

En definitiva, un acertado análisis de los resultados puede servir para establecer y mantener la unión a largo plazo con los electores, tanto los que les votaron como los que no, y así fidelizarlos, movilizarlos o captarlos para futuros procesos electorales.


  

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