Durante el reciente debate de investidura celebrado en las Cortes Generales españolas, buena parte de las razones que fundamentaron el “NO” del PSOE a Alberto Núñez Feijóo fueron esbozadas por Óscar Puente, exalcalde de Valladolid y actualmente diputado del Congreso. Su discurso se viralizó.

 

Si nos detenemos a analizar el porqué del revuelo generado, muchos coincidiremos en señalar en que se debió a un discurso cargado de ácidos comentarios personales que atacan a la imagen y “dignidad” de Feijóo y el Partido Popular (como ocurre siempre en estos casos, se vertieron sobre el diputado halagos y críticas). El concepto de “dignidad” es uno de esos que la Real Academia Española no puede definir con precisión. Sí en un sentido estricto y literal, pero esta cuestión resulta irrelevante a efectos prácticos, pues la noción del término difiere (incluso de manera sustancial) de un ciudadano a otro; no obstante, no resulta desproporcionado afirmar que está ligado a la buena reputación. Y la buena reputación da votos (y, por consiguiente, asientos y puestos de trabajo a los prácticos de la política mejor posicionados en sus respectivas filas). Muchos votos.

 

De lo expuesto en el anterior párrafo se desprende que un ataque personal proporciona votos. Buena prueba de ello es el vendaval de insultos que existe un día cualquiera en la Carrera de San Jerónimo, en el interior del edificio de los leones (nunca mejor dicho). Descalificativos de unos y de otros (a día de hoy sigo sin saber qué es “izquierda” o “derecha” más allá de lo que ofrece la costumbre popular).

 

Se podría decir que Óscar Puente ha tirado de oficio, obrando de una manera ciertamente beneficiosa e inteligente para el PSOE, si bien demagógica. Analicémoslo.

 

La sesión de investidura es un evento esperado para muchísimos ciudadanos, con audiencias y seguimiento ingente. Y un insulto tiene el potencial para estimular a una buena parte de ellos. Por desventura, un insulto genera más que una propuesta formal brillante sobre el proceder de la Agencia Tributaria en un determinado campo (por poner un frívolo ejemplo).

 

Genera mucha propaganda, en muchos casos positiva, pues capta la atención de los nuevos y mantiene la de los fieles. Recordemos que el fundamento último de la actuación Óscar Puente (y la del resto de diputados) es el hecho de que depositemos la papeleta de su color (o de otros) en la urna. Esto es así debido a que somos animales políticos y sociales, aspecto que encaja en la democracia actual (para gusto de algunos y disgusto de otros). Nos hemos sometido a ese contrato social, en el que existe el marketing político.


Y por eso Óscar Puente (posiblemente) actuó de esa manera.



A 8 de octubre de 2023, por Luis Villares.



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